Bubblews

viernes, 15 de marzo de 2013

Historia de la Virgen de San Juan de los Lagos



Casi 400 años hace que comenzó la devoción mariana dedicada a la Virgen de San Juan de los Lagos, cuya fiesta se celebra cada 8 de Diciembre, fecha cuando la Iglesia católica conmemora la Inmaculada Concepción de María.
Miles de feligreses de los más diversos puntos de la república y del extranjero acuden cada año a San Juan de los Lagos para pedir gracias, o simplemente honrar a la madre de Jesús.
En este 2007, el cabildo y particularmente el rector de la basílica de San Juan, padre Emiliano Valadez, organizaron un programa que comenzó la noche del siete de Diciembre y culminó en la madrugada del ocho con las mañanitas que cantaron a la Virgen numerosos artistas populares.
Entre otros, ofrecieron sus plegarias cantadas el Mariachi Perla Jalisciense, de la ciudad de México; Librado y Emmanuel Márquez, padre e hijo, de San Miguel el Alto; Pepito Muñoz, de León, Guanajuato; Dora Flores, de Piedras Negras, Coahuila; Mariano Barba, cantante alteño; el coro Vida y Esperanza cuyas 13 voces entonaron hermosas melodías a los pies de la imagen; la orquesta de los Hermanos Ramírez; los coros y el mariachi del Seminario Mayor de San Juan; Salvador Huerta; y el dueto de Lucha y Jorge.
La basílica estuvo totalmente llena de fieles unieron sus oraciones y cantos con los de los artistas que acudieron a honrar a la Virgen de San Juan en su día.
La tradición
En el año 1623, es decir, hace ya casi cuatro siglos, San Juan de los Lagos era un pueblecito de unas cuantas chozas habitadas por indígenas nochixtlecas. En este lugar llamado San Juan Bautista Mezquititlán había una ermita de paredes de adobe y techo de zacate de apenas unos 15 metros de largo por 6 de ancho, donde era venerada una imagen de la Virgen María.
Un indígena de nombre Pedro Andrés y su esposa Ana Lucía, ambos de edad avanzada, eran los guardianes de la humilde capilla donde quiso la Virgen María que iniciara la devoción.
La resurrección de la niña acróbata
Cuenta la historia que en el año de 1630, pasaba por el pueblo de San Juan Bautista, procedente de San Luis Potosí, rumbo a Guadalajara, un cirquero, acompañado por su mujer y dos pequeñas hijas.
Se ganaba la vida presentando suertes, la más emocionante de las cuales consistía en que la menor de sus hijas hiciera equilibrios en un trapecio, mientras en el piso colocaba cuchillos con la punta hacia arriba.
En un descuido, la pequeña perdió el equilibrio y cayó sobre los puñales causándose la muerte.
La indiecita Ana Lucía, guardiana de la imagen de la Virgen, se conmovió tanto al ver la pena de la madre, que trató de consolarla y le pidió que esperara, que no enterrara a su hijita muerta; mientras, tomó la imagen de la Virgen y la colocó sobre el cuerpo inerte de la niña elevando sentidas plegarias.
Ante el asombro de los asistentes, la niña revivió.
Este fue el primer milagro de que se tiene registro por la mediación de la Virgen de San Juan ante su hijo Jesucristo.
Artesanos crearon la imagen de la Virgen
La imagen de la Virgen de San Juan fue elaborada por artesanos de Michoacán con pasta de caña, según era costumbre por aquellos años de la evangelización a cargo de los misioneros franciscanos.
Cuéntase que los frailes de San Francisco trajeron la imagen que, por el descuido y la pobreza de la primera ermita donde era venerada por los fieles, se deterioró, sin que ello fuera obstáculo para que disminuyera la fe popular.
Comisionado por el señor obispo de Guadalajara, Leonel Cervantes Carvajal, el sacerdote Juan Contreras Fuerte, examinó detenidamente la imagen, en el año 1634 y halló que la pasta de que estaba hecha era la que usaban los artesanos para esos menesteres en Michoacán.
Posteriormente, en 1693, el capellán mayor del Santuario, padre Nicolás Arévalo, informó al señor obispo de Guadalajara, Juan Santiago de León Garabito, que “la Santísima imagen que veneramos en ese Santuario de Nuestra Señora de San Juan es de talla y su materia es de pasta de Michoacán”.
Finalmente, en el año de 1788, por mandato del señor obispo de inolvidable memoria Fray Antonio Alcalde, el padre Pedro Nolasco Díaz de León hizo un reconocimiento físico a la imagen e informó: Sobre la materia de que está formado el cuerpo de la Soberana Imagen de Nuestra Señora, halló que era de pasta de Michoacán… su manto es azul estrellado y tiene las dos manos juntas y las puntas de los dedos tiene algo gastadas. Es Nuestra Señora de la Purísima Concepción.
En consecuencia, la imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos es obra de la fe mariana y del talento natural de los artesanos de Michoacán, autores de otras muchas representaciones de la Virgen veneradas en nuestra tierra.
Por el año de 1638, el padre Camarena encargado de la ermita recibió un donativo de 500 pesos, que en aquella época era una cantidad muy considerable, de manos de un vecino de nombre Jerónimo de Arona, para la construcción de un templo que sustituyera el humilde jacal primitivo.
Siete años duraron los trabajos.
En el año de 1647, tomó posesión como obispo de Guadalajara, don Juan Ruiz Colmenero.
De paso a su diócesis, el recién nombrado señor obispo se detuvo en San Juan de los Lagos para encomendarse a la Virgen y grande fue su sorpresa, cuando vio que el templo recién terminado amenazaba con desplomarse por defectos de cimentación.
Era tan grande la devoción mariana del señor obispo Ruiz Colmenero, que personalmente se encargó del inicio de los trabajos de construcción del nuevo templo.
Durante cuatro meses, el obispo en persona fue el sobrestante de los trabajos, lo que fomentó la devoción de los vecinos por la Virgen María.
El santuario dedicado a la Virgen de San Juan duró en construcción cuarenta años.
Ese segundo templo fue sustituido por el esplendoroso santuario actual.
El pocito de la Virgen
Corría el año 1662, el 23 de Junio, víspera del día dedicado a San Juan Bautista. El capellán mayor del Santuario de la Virgen, don Juan Contreras Fuerte, caminaba por la orilla de un arroyo que desemboca en el río.
Por aquel tiempo, la población sufría grave escasez de agua para beber.
El capellán miró a una niña que con una piedra en la mano trataba de clavar una pequeña estaca en una roca dizque para sacar agua, según respondió a pregunta del sacerdote.
Viendo el padre que del lugar donde golpeaba la niña brotaba humedad de la peña, comentó: Tú tienes más fe que yo, y se retiró del lugar.
Movido por la curiosidad, al día siguiente, el padre Contreras regresó acompañado por un peón al que pidió que con una barra hiciera una pileta en la roca donde la niña había estado golpeando el día anterior.
Mientras el hombre hacía su trabajo, el capellán invocaba, en voz baja, a la Virgen de San Juan, y cuál sería su sorpresa que a los pocos golpes brotó agua en abundancia de la piedra.
Cuenta el sacerdote jesuita Francisco de Florencia que por más que el capellán Contreras buscó a la niña aquella, jamás supo quién era.
Y sigue diciendo el padre Florencia que cada quien podrá pensar lo que desee, pero él atribuye el brote del agua a un milagro de la Virgen de San Juan. Así nació la tradición del Pocito de la Virgen, ubicado a unas cuantas cuadras de este Santuario mariano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada